

Construida a anfiteatro al final del Golfo de Morbihan, la ciudad de Vannes es un óptimo punto de salida para excursiones en barco al descubrimiento de las islas del Golfo. Ancho 20 km, el Golfo de Morbihan es en efecto un pequeño mar interior (Mor-bihan en bretón) diseminado de más de cuarenta islas e islotes.

Muy sugestiva es la entrada que conduce del puerto al casco antiguo por la histórica Porte Saint Vincent, que se remonta al siglo XIII. Enseguida después de la puerta, sobre la izquierda se encuentra la animada pesquería “Halle aux poissons”, abierta por la mañana de martes a sábado. No lejos, en Place du Poids Public, el miércoles y el sábado por la mañana es preparado el mercado de las hortalizas.

El corazón de la ciudad es de época medieval y todavía conserva las características casas a cañizo, las estrechas callejuelas y una magnífica Catedral gótica dedicada a Saint Pierre.

Vannes es ceñida por altas paredes defensivas, en parte visitables subiendo por la escalinata tras Rue de Verges.
Al exterior de dichas paredes se encuentran los muy cuidados y pintados jardines a la francesa de Parc de la Garenne. También merece la pena de visitar los lavaderos con cobertura de pizarra situados a lo largo de las riberas del río Marle, a los pies de las paredes.

A seguir las principales atracciones de la Bretaña: